RODRIGO UREÑO: HOMBRE DE A CABALLO Y DE RAÍCES
Rodrigo Ureño pertenece a una generación donde los hombres aprendieron primero a montar un caballo que a ocupar un cargo público.
Ser charro nunca ha sido únicamente vestir un sombrero o participar en una competencia. La charrería es una escuela de vida. Enseña disciplina para levantarse temprano, respeto por los animales, amor por las tradiciones, lealtad a la palabra y la convicción de que ninguna suerte sale bien si antes no hubo preparación, constancia y carácter.
Esos mismos principios son los que han distinguido a miles de migrantes jerezanos.
Quien cruza la frontera para buscar una oportunidad sabe perfectamente lo que significa la disciplina. Madrugar, trabajar jornadas interminables, enfrentar la nostalgia y construir un patrimonio lejos de casa requiere exactamente las mismas virtudes que se aprenden en el lienzo charro: perseverancia, valentía y orgullo por las raíces.
Por eso no resulta casual que el Festival Capital Migrante 2026 haya encontrado en la charrería uno de sus símbolos más poderosos. No fue solamente un torneo o una exhibición ecuestre. Fue el encuentro de dos mundos que, en realidad, siempre han sido el mismo: el de quienes nunca olvidan de dónde vienen.
El éxito del Festival Capital Migrante 2026 no puede medirse únicamente por la cantidad de asistentes o por la calidad de sus eventos culturales, deportivos y artísticos. Su mayor logro fue mucho más profundo: volver a reunir a las familias, estrechar la mano de quienes viven en Estados Unidos y recordarles que en Jerez siempre habrá un lugar esperándolos.
Rodrigo Ureño sabe que gobernar también significa reconocer a quienes, desde lejos, sostienen a sus familias y contribuyen al desarrollo de su municipio.
El festival fue un mensaje claro: los migrantes no son visitantes; son parte esencial de la historia, de la economía y de la identidad de Jerez.
Y quizá por eso la imagen que mejor resume estos días no es la de un escenario lleno ni la de una plaza abarrotada. Es la de un presidente municipal encabezando una cabalgata, acompañado de hombres y mujeres que regresaron después de muchos años para recorrer nuevamente las calles donde comenzó su historia.
Porque un hombre de a caballo sabe que las raíces nunca se abandonan.
Podrá cambiar el camino, podrá cambiar el destino, incluso podrá cruzar fronteras, pero jamás dejará de mirar hacia el lugar donde aprendió a soñar.
Así son los migrantes jerezanos.
Y así, también, es Rodrigo Ureño: un hombre de a caballo y de raíces. RAÍCES QUE NOS UNEN.

