COMUNICADO OFICIAL (cierran la Casa del Poeta Ramón López Velarde en la Ciudad de México)

COMUNICADO OFICIAL

El descuido y el olvido son el veneno más eficaz para extinguir una voz. El abandono estructural marchita la memoria de aquellos y aquellas que le dieron forma a nuestra identidad, a nuestra memoria colectiva y a nuestros imaginarios íntimos y compartidos.

Es por ello que desde Jerez expresamos nuestro más enérgico rechazo a la decisión tomada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México respecto al cierre de la Casa del Poeta Ramón López Velarde. Entendemos la necesidad de que el arte y la cultura se adapten a las necesidades del contexto actual. Que la obligación de las instituciones encargadas de esta materia es la construcción de nuevos públicos y la creación de espacios que democraticen las diversas expresiones. Pero también demandamos el respeto al derecho que tenemos a la preservación de nuestro legado.

La permanente política cultural centralista ha minimizado el impacto fundamental que los nacidos en sus márgenes han aportado a la Nación simbólica compartida por todos los mexicanos. Este problema sistémico excluye y discrimina, pero, aún más peligroso, uniforma nuestras perspectivas del mundo, reduciendo un país lleno de diversidad a la visión de aquellos que pueden crear cerca de los núcleos de poder.

La decisión tomada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México invisibiliza no solo a Jerez como pueblo, sino también a la provincia mexicana, con su historia, tradición y agencia, como una realidad nacional. El borrado de nuestro pasado es un acto de violencia contra nuestra consciencia histórica y un atentado contra el imaginario común como jerezanos, zacatecanos y mexicanos.

Que el cierre de este importante recinto ocurra justo cuando cumple 33 años de existencia (los mismos que vivió el poeta que le da nombre) es una clara muestra de que la fuerza poética de López Velarde se resiste a la muerte, al olvido y a la negligencia institucional. Pues López Velarde no solo universalizó su concreta experiencia del México que habitaba y esbozó fundamentales coordenadas de nuestro ideario épico, con todos sus claroscuros, pero aun así fascinante, sino que conformó una poética tan influyente que aún resuena con potencia en buena parte de la literatura de nuestro continente. Olvidar su voz es olvidar esas voces que nacieron lejos de la metrópoli y que también tienen derecho a la memoria.

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